Quantcast Sin pelos en la lengua: críticas de cine y noticias: La gran guerra Yokai

La gran guerra Yokai

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Los que me conocen saben de mi especial debilidad por el controvertido Takashi Miike, cuya prolífica carrera cinematográfica me ha maravillado desde que lo conociera con la trilogía de Dead or alive, seguida por títulos como la estremecedora Audition, la maravillosamente brutal Ichi the killer, y tantas otras. Convertido ya desde hace unos años en ferviente seguidor del japonés, no me he conformado con ver las escasas películas de Miike editadas en nuestro país (tan solo 13, creo recordar, de más de 70 títulos), descubriendo con ello verdaderas joyas desconocidas para el público en general como la perturbadora Visitor Q o la maravillosa The bird people in China. Este año 2007 parece ser bastante positivo para los seguidores de Takashi Miike, pues en apenas cinco meses (desde diciembre de 2006) hemos visto publicadas tres de sus obras: la serie MPD Psycho, La felicidad de los Katakuri, La gran guerra Yokai, y en unos pocos meses probablemente podamos disfrutar de Big Bang Love, Juvenile A, su última propuesta por el momento.
Acostumbrados ya a sus dantescos festines de gore, a sus historias de yakuzas, y a sus constantes flirteos con el Manga en su clave más superheróica, no deja de sorprender que Miike nos brinde, en esta ocasión, una película apta para todos los públicos, y es que La gran guerra Yokai es, pretendidamente, una película infantil. Ésta nos narra la historia del joven Tadashi (Ryunosuke Kamiki), que durante las fiestas de su pueblo es nombrado guerrero Kirin. Según la leyenda, el guerrero Kirin es el vínculo y el protector del mundo de los humanos con el mundo de las fantasías, que el folklore japonés conoce como Yokai. Pero Lord Kato (Etsushi Toyokawa), el portador de todo el odio y el rencor almacenado por los objetos olvidados y abandonados por los humanos, pretende fusionar a éstos con los espíritus Yokai y exterminar así a la humanidad.
La película es extremadamente divertida tanto para el público infantil como para el adulto, si bien contiene ciertas secuencias que podrían perturbar con facilidad el sueño de los más jovenes. Y es que Miike es Miike, y no se corta un pelo. Como casi siempre, el director japonés abusa de ciertos recursos ya recurrentes en su filmografía, como es el caso de unas logradas y efectistas imágenes generadas por ordenador, en esta ocasión mezcladas con actores disfrazados como si hubieran sido sacados de una película o una obra de teatro de hace 30 o 40 años, obteniendo así un contraste que, si bien no termina de cuajar en algunos momentos, en líneas generales resulta bastante convincente a la par que original. Al mismo tiempo, Miike conduce una trama de acción, fantasía y aventura aderezándola con humor y terror a partes iguales, con secuencias oníricas y oscuras y chistes fáciles enfocados a satisfacer, sobretodo, al público infantil, centrados en el personaje del Yokai Kawataro (Sadao Abe) y del medio senil abuelo de Tadashi (Riko Narumi). Además, cabe destacar el papel de Chiaki Kuriyama en el papel de Agi, la sensual esbirro de Lord Kato, a la que sin duda recordareis por su papel de Gogo en Kill Bill Vol.1.
La gran guerra Yokai es un tributo a la fantasía y la imaginería humanas, y debe entenderse como tal: un homenaje a la cultura popular japonesa, transmitida de padres a hijos o, más comúnmente, de abuelos a nietos, durante generaciones: con criaturas imposibles, sueños hechos realidad y moralejas incluídas (como los beneficios de comer regularmente judías rojas XXD), posee el mismo simbolismo que La historia interminable (el libro, no el bodrio de película que hicieron) y otros relatos -presuntamente juveniles- similares que pretenden educar a la par que divertir a quien se sumerja en sus aguas.
En resumen, La gran guerra Yokai supone un nuevo cambio en la temática de Miike, mucho más asequible para el gran público de lo habitual, si bien no renuncia (del todo) a sus habituales excesos; una muy recomendable opción para pasar el rato en familia sin necesidad de edulcorar a los vástagos con películas de Disney o similares.

Le doy un 7 sobre 10.

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