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Crítica de Como la vida misma
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La película cuenta la historia de Dan, columnista en un periódico local, vive con el recuerdo de su esposa fallecida, y dedicado por completo a sus tres hijas. Su vida cambia cuando conoce a Marie, la nueva novia de su hermano menor.
Nadie duda que el rotundo éxito cosechado por películas de corte independiente como Pequeña Miss Sunshine o ¡Olvídate de mí! han hecho que un género que hace unos años fuera desconocido por buena parte del público y no demasiado respetado por otra buena parte de la crítica, se haya convertido en una fórmula de éxito casi asegurada. Este mismo año tenemos a Juno como claro ejemplo de ello, nominada a cuatro estatuillas, y Como la vida misma es otra muestra de la popularización de este género, en sus orígenes minoritario.
Sin querer generalizar, y aunque esto pueda doler a algunos, este rotundo éxito y favor del público del que hablaba está haciendo que el cine indie pierda paulatinamente su frescura original, que no su calidad, y comienzan ya a notarse los primeros síntomas. Buen ejemplo de ello es Como la vida misma, que no es una mala película, ni mucho menos, pero carece completamente de originalidad, pues su base sigue escrupulosamente todos los clichés estipulados, como si Peter Hedges hubiera tomado el personaje que el propio Steve Carrell interpreta en Pequeña Miss Sunshine y lo hubiera reciclado para realizar una nueva película. Y es que, aunque externamente puedan resultar diferentes, en esencia se trata de los mismos personajes, con similares familias, con similares gags, con similares situaciones, con similares desenlaces...
Por otro lado, cabe decir que Como la vida misma es una película entretenida en líneas generales, con un humor mordaz en ocasiones, con gags zafios en otros casos, y un final exacerbantemente positivo, idílico, podríamos decir, cosa que también suele ser habitual en este tipo de producciones. Por suerte o por desgracia, la película dirigida por Peter Hedges convierte a Steve Carell en epicentro absoluto tanto de la trama como de los propios gags, por lo que el resto de protagonistas, Juliette Binoche incluída, se convierten en meras comparsas para que el actor realice un monólogo eficiente aunque previsible, y cuyas puntuales patochadas desmerecen una interpretación en líneas generales bastante lograda, y que nos permite disfrutar del buen quehacer de un actor todavía infravalorado por muchos.
Así pues, podriamos decir que Como la vida misma es un claro ejemplo de los efectos de la popularización del cine independiente, en el que, aunque la fórmula continúe entreteniendo, comienzan a vislumbrarse ya ciertas reiteraciones y escasez de originalidad.
le doy un 5'5 sobre 10.
2 comentarios Vínculos a esta entrada Volver a la página principal
Paris, je t'aime
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Frédéric Auburtin, Gérard Depardieu, los hermanos Coen, Isabel Coixet, Wes Craven, Alfonso Cuarón, Christopher Doyle, Vincenzo Natali, Alexander Payne, Oliver Schmitz, Nobuhiro Suwa, Tom Tykwer,Gus van Sant, Miranda Richardson, Leonor Watling, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Nick Nolte, Elijah Wood, Natalie Portman, Gérard Depardieu, Bob Hoskins y Steve Buscemi son algunos de los nombres de los actores y realizadores que desfilan por este escaparate parisino que, a través de 18 breves relatos, tratan de retratar con mayor o menor suerte distintos modos de representar el amor en la mítica Ciudad de la Luz.Digo con mayor o menor suerte porque, obviamente, en el momento en el que en una misma película colaboran tantos directores, guionistas y actores de tan variopinto bagaje, se corre el inevitable riesgo de que el espectador conecte más con unos que con otros, y eso es algo muy peligroso en el mundo del cine, ya que un sólo desacierto puede hundir la opinión general de una película que, en cómputos generales, bien puede ser una obra maestra.
Pero, para bien o para mal, este no es el caso de Paris, je t'aime.
Lo cierto es que la película, a mi parecer, comienza mal. Fatal, en realidad. Los tres primeros relatos, a cargo de Bruno Podalydès, Gurinder Chadha y Gus van Sant son, en mayor o menor grado, insulsos o insultantemente obvios en su mensaje de amor universal; por suerte, y para evitar el descalabro, aparecen los hermanos Cohen con su actor fetiche Steve Buscemi, brindándonos una divertida historia en el metro de las Tulleries que, como mínimo, rompe con el empalago que habían tomado las anteriores; a continuación viene el trabajo de Walter Salles y Daniella Thomas, que pese a resultar muy emotivo, apenas sin palabras, tampoco termina de cuajar. El siguiente en desfilar por la pasarela es Christopher Doyle, con un corto que, por muchas japonesas que me ponga de por medio, mi rudimentaria mente seguirá sin comprender; eso sí, estéticamente es más que destacable. La séptima historia es la de Isabel Coixet, que como ya viene a ser habitual desde que se le subieran los humos a la cabeza por las críticas obtenidas por Mi vida sin mí, pretende mostrarse elitista en su continente y condescendiente con el mundano espectador en su contenido, aunque no por ello logre ocultar el tufillo a programa del corazón para amas de casa que desprende su corto. Nobuhiro Suwa dirige a Juliette Binoche y Willem Dafoe en el octavo relato, original, sensible y tierno, con una excelente actuación de la francesa, para dar paso a Sylvain Chomet, que pese a que realiza un relato protagonizado por unos grimosos mimos con sobrepeso, resulta muy gracioso y, sobretodo, original en cuanto a estética.
Cruzado ya el umbral de la mitad de metraje, el producto mostrado no es nada del otro mundo, con frecuentes altibajos entre los que tan sólo destacaría el trabajo de los hermanos Cohen, Nobuhiro Suwa y Sylvain Chomet.
Tres de nueve.
Por suerte, a partir del corto realizado por Alfonso Cuarón e interpretado por Nick Nolte, la cosa mejora, y es que es uno de los fragmentos que más mérito tiene técnicamente, pues está filmado en una sóla toma, sin cortes, siguiendo a la pareja protagonista mientras pasea por una calle en la zona del Parc Monceau. La siguiente historia corre a cargo de Olivier Assayas, relatando la relación entre una joven actriz y su camello, más que correcta y lograda. Pero, para mí, es el corto de Olivier Schmitz el que más merece destacar de toda la película, y es que nos narra una historia de amor sencilla, humilde, tremendamente trágica y cruel, como la vida misma, justo lo que nuestra amiga barcelonesa pretende y no consigue. Sin duda, la mayor joya de este compendio de historias de amor.
A continuación tenemos a Bob Hoskins bajo la batuta de Richard LaGravenesse, en el curioso juego de seducción de una pareja madura en busca del amor (y la virilidad) perdidos; Vicenzo Natali, junto a Elijah Wood, nos trae una original y convincente historia de vampiros, a caballo entre las femmes fatales no muertas dibujadas por Luis Royo y la estética Sin City. El siguiente relato corre a cargo de Wes Craven, con Emily Mortimer, Rufus Sewell y el cameo de Alexander Payne, transportándonos al mítico cementerio de Père-Lachaise, sin duda el más bello de todo París, donde podemos encontrar las tumbas de Jim Morrison, Balzac, Moliere, Chopin, Proust y Oscar Wilde, sobre el cual gira esta divertida historia con fantasma incluido.
Hasta aquí lo mejor de la película. Los tres últimos relatos, a cargo de Tom Tykwer (con Natalie Portman), Gerard Depardieu & Frédéric Auburtin, y Alexander Payne respectivamente, no dejan de ser sino cumplidores, si bien éste último destaca algo más del resto, y Tom Tyckwer, como ya suele ser habitual en él, nos muestra una buena historia algo pasada de revoluciones, aunque sin llegar al extremo del videoclip.
En general se trata de un compendio cumplidor, con unas pocas brillanteces y algunos notables fiascos. Paris, je t'aime resulta agradable y amena de ver, sobretodo si uno ha estado en París, aunque este hecho bien pudiera obnubilar la objetividad con que uno ve la película haciéndonos creer que estamos ante un producto muy superior al que hemos visto en realidad, como parece ser que está ocurriendo.
Le doy un 6 sobre 10.
Pero, para bien o para mal, este no es el caso de Paris, je t'aime.
Lo cierto es que la película, a mi parecer, comienza mal. Fatal, en realidad. Los tres primeros relatos, a cargo de Bruno Podalydès, Gurinder Chadha y Gus van Sant son, en mayor o menor grado, insulsos o insultantemente obvios en su mensaje de amor universal; por suerte, y para evitar el descalabro, aparecen los hermanos Cohen con su actor fetiche Steve Buscemi, brindándonos una divertida historia en el metro de las Tulleries que, como mínimo, rompe con el empalago que habían tomado las anteriores; a continuación viene el trabajo de Walter Salles y Daniella Thomas, que pese a resultar muy emotivo, apenas sin palabras, tampoco termina de cuajar. El siguiente en desfilar por la pasarela es Christopher Doyle, con un corto que, por muchas japonesas que me ponga de por medio, mi rudimentaria mente seguirá sin comprender; eso sí, estéticamente es más que destacable. La séptima historia es la de Isabel Coixet, que como ya viene a ser habitual desde que se le subieran los humos a la cabeza por las críticas obtenidas por Mi vida sin mí, pretende mostrarse elitista en su continente y condescendiente con el mundano espectador en su contenido, aunque no por ello logre ocultar el tufillo a programa del corazón para amas de casa que desprende su corto. Nobuhiro Suwa dirige a Juliette Binoche y Willem Dafoe en el octavo relato, original, sensible y tierno, con una excelente actuación de la francesa, para dar paso a Sylvain Chomet, que pese a que realiza un relato protagonizado por unos grimosos mimos con sobrepeso, resulta muy gracioso y, sobretodo, original en cuanto a estética.
Cruzado ya el umbral de la mitad de metraje, el producto mostrado no es nada del otro mundo, con frecuentes altibajos entre los que tan sólo destacaría el trabajo de los hermanos Cohen, Nobuhiro Suwa y Sylvain Chomet.
Tres de nueve.
Por suerte, a partir del corto realizado por Alfonso Cuarón e interpretado por Nick Nolte, la cosa mejora, y es que es uno de los fragmentos que más mérito tiene técnicamente, pues está filmado en una sóla toma, sin cortes, siguiendo a la pareja protagonista mientras pasea por una calle en la zona del Parc Monceau. La siguiente historia corre a cargo de Olivier Assayas, relatando la relación entre una joven actriz y su camello, más que correcta y lograda. Pero, para mí, es el corto de Olivier Schmitz el que más merece destacar de toda la película, y es que nos narra una historia de amor sencilla, humilde, tremendamente trágica y cruel, como la vida misma, justo lo que nuestra amiga barcelonesa pretende y no consigue. Sin duda, la mayor joya de este compendio de historias de amor.
A continuación tenemos a Bob Hoskins bajo la batuta de Richard LaGravenesse, en el curioso juego de seducción de una pareja madura en busca del amor (y la virilidad) perdidos; Vicenzo Natali, junto a Elijah Wood, nos trae una original y convincente historia de vampiros, a caballo entre las femmes fatales no muertas dibujadas por Luis Royo y la estética Sin City. El siguiente relato corre a cargo de Wes Craven, con Emily Mortimer, Rufus Sewell y el cameo de Alexander Payne, transportándonos al mítico cementerio de Père-Lachaise, sin duda el más bello de todo París, donde podemos encontrar las tumbas de Jim Morrison, Balzac, Moliere, Chopin, Proust y Oscar Wilde, sobre el cual gira esta divertida historia con fantasma incluido.
Hasta aquí lo mejor de la película. Los tres últimos relatos, a cargo de Tom Tykwer (con Natalie Portman), Gerard Depardieu & Frédéric Auburtin, y Alexander Payne respectivamente, no dejan de ser sino cumplidores, si bien éste último destaca algo más del resto, y Tom Tyckwer, como ya suele ser habitual en él, nos muestra una buena historia algo pasada de revoluciones, aunque sin llegar al extremo del videoclip.
En general se trata de un compendio cumplidor, con unas pocas brillanteces y algunos notables fiascos. Paris, je t'aime resulta agradable y amena de ver, sobretodo si uno ha estado en París, aunque este hecho bien pudiera obnubilar la objetividad con que uno ve la película haciéndonos creer que estamos ante un producto muy superior al que hemos visto en realidad, como parece ser que está ocurriendo.
Le doy un 6 sobre 10.
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